
Recordando en la sobremesa como comenzó nuestra historia, me puse a pensar como todo se confabulo para que nuestro amor llegara a buen puerto. El haber estado siempre presente en la vida del otro, el vernos crecer en nuestros propios tiempos, en la distancia admirándonos, mirándonos en el silencio y con negación. De todas maneras el universo, Dios, la fortuna, Cupido o las celestinas se confabularon para unirnos, para ponernos en el camino del otro, en abrirnos los ojos y darnos cuenta que estábamos destinados a estar juntos, que este amor era más grande que nosotros dos y que ya estaba escrito que de algún modo llegaríamos a un punto de encuentro.
No es casualidad que llevarás por tantos años mi anillo de plata olvidado en un verano, no es casualidad que nos sintiéramos atraídos siempre pese a nuestros años de distancia, no es casualidad que de pronto nos encontrásemos hablando horas y horas, sin ánimo de dejar de hacerlo y que la amistad nos llevara a este amor profundo que se materializo tan pronto, y se hizo carne en nuestro hijo, que es el verbo absoluto de nuestro inmenso amor. Este amor que ha pasado por tanto, que ha pasado pruebas profundas y ha seguido con sudor sangrante hasta nuestro ahora, hasta este punto en el que siento que es tan profundo como en un principio, como cuando solo quería quedarme pegada a ti y colarme en tus bolsillos para seguir a tu lado en todas partes, en todo momento.
Ahora miro hacia atrás y me doy cuenta que le diste luminosidad a mis pasos, me ayudaste a salir de mi oscuridad sentimental que había cerrado las puertas a toda esperanza de compartir mis días y mis pasiones. Eres el sol que me levanta por las mañanas, él que le dio sentido a mi vida, la persona que me dio una responsabilidad maravillosa que me llama cuando está triste, hambriento o cansado. Has hecho en mi vida grandes milagros, grandes cambios y me has dado herramientas, ganas y deseos de vivir intensamente, de ser grande, de ser por y para ti, eres el hombre más importante de mi vida, él más maravilloso; eres, has sido y serás el amor de mi vida, eres sin duda la luz, mi luz.
Ahora miro hacia atrás y me doy cuenta que le diste luminosidad a mis pasos, me ayudaste a salir de mi oscuridad sentimental que había cerrado las puertas a toda esperanza de compartir mis días y mis pasiones. Eres el sol que me levanta por las mañanas, él que le dio sentido a mi vida, la persona que me dio una responsabilidad maravillosa que me llama cuando está triste, hambriento o cansado. Has hecho en mi vida grandes milagros, grandes cambios y me has dado herramientas, ganas y deseos de vivir intensamente, de ser grande, de ser por y para ti, eres el hombre más importante de mi vida, él más maravilloso; eres, has sido y serás el amor de mi vida, eres sin duda la luz, mi luz.













