Hoy después de mi trabajo me dirigí a mi única actividad extra programática que tengo por el momento, a mi clase de Salsa.
Hoy especialmente andaba cansada y desganada, pero igual fui a mover el esqueleto. Después que terminamos de menearnos al son del “azúcar”, me dirigí, junto a mis compañeros de baile, a tomar algo para irme a mi casa. Unos tomaron el metro, pero yo me fui al paradero a esperar que un transantiago me llevara a mi destino, mi casa.
Mientras esperaba que apareciera el transantiago con el número que me sirve, comenzó el cansancio a hacerse presente en mi cuerpo, comencé a sentir dolor en mi espalda, en mis piernas, etc…, en eso aparece la micro que me sirve, corrí a alcanzar una buena ubicación frente a una de sus puertas, siempre pensando en entrar de las primeras para alcanzar ese único asiento que queda desocupado, y que como arte de magia se ocupa en un abrir y cerrar de ojos si no te apuras lo suficiente… en esta oportunidad, no me resulto la estrategia ya que el transantiago venía repleto.
Así que nada, comienza a ponerse en practica en forma inmediata la alternativa “B”, mirarle la cara a todos los que van sentados para adivinar quien tiene pinta de pararse luego, y después de terminar la supervisión, te ubicas al lado de tu elección.
A veces y con frecuencia mi plan “B” resulta, pero también es infalible la ley de Murphy. En esta ocasión, gano la famosa ley, y no logre sentarme hasta que Dios se compadeció de mí, porque nadie mas lo hizo en la micro, con mi rostro de dolor que llevaba. Pero que mas se puede pedir, si lo mío no era nada, comparado con una chica que subió al transantiago con unos meses notorios de embarazo, ¿y qué creen?, todos se hicieron los tontos, unos se hacían los dormidos, otros miraban para otro lado haciendo como que no se habían dado cuenta de la presencia de aquella futura mamá. Tengo que reconocer que yo no hice nada, en forma inmediata, pues pensé, por su posición, que bajaría luego, además el dolor seguía atacando mi cuerpecito, y no tuve mucho animo para pedir que le dieran el asiento, pues se encontraba alejada de mi, como en otras oportunidades lo hago, cuando pasaba el tiempo y la chica aun seguía de pie, ella se cambió de lugar y pasó al otro extremo de la locomoción, por detrás de mí. En este momento pensé que al verla llegar los que iban sentados le darían el asiento, pero…nada. Estando a la espera de alguna persona que le pateara la conciencia y le diera el asiento, un caballero que se iba a bajar me llama para darme su asiento… por fin, dijo mi cuerpecito vamos a poder descansar, pero mi conciencia no pudo, así que le indique al caballero que “aquella chica esta embarazada y lo necesita mas que yo”.
Muchos que leen esta columna, dirán que hice la buena obra del día, sin embargo lo que escribo es para comentar y hacer notar lo insensible que esta la gente hoy en día y me pregunto si seremos así de desatentos solo los chilenos, o es algo generalizado.
Me gustaría que cada uno de los que lea esta columna se ponga a pensar en su propia sensibilidad frente a nuestro entorno, y decirse a si mismo que aun es tiempo para tomar la sensibilidad, sacudirle el polvo que tiene y comenzar a usarla.
