Caminando en la noche por la playa sola y con mis pensamientos, el juego de una ola invita a los dedos de mis pies a parar y sacar una sonrisa por lo rico del agua.
Un recuerdo llega a mi mente que invita a sentarme y contemplar.
La luna ilumina la canción que las estrellas tratan de tocar para mí, que acompañan ese recuerdo que empieza a ser más vívido cada vez.
No es el mar lo que recuerdo, es lo que el agua con su magia hizo sentir y no olvidar.
En el agua todo es más liviano, calmo y sensual. No hay silencio, sino paz.
Jugábamos en el agua cuando trataste de agarrarme por la cintura, pero todos los movimientos son más lentos y te costó. Una vez que lo conseguiste, nunca había sentido mi corazón latir tan fuerte y nervioso. Ese abrazo flotante hizo que nuestros cuerpos experimentaran algo nuevo y real.
Nos miramos y me diste el principio de lo que siempre ha sido el beso mas erótico de toda mi vida: largo, lento, suave, sensual. Y el agua con su textura invisible lo tiene como testigo; recorría nuestros cuerpos y almas, pero en lo que impactaba era en tu besar. Tus labios exquisitos, mojados con agua y dulce de mis labios, supieron parar mi existencia ya en una paz existente. No se escuchaba ni olía nada, solamente era el beso que flotaba en armonía, ni tus caricias simultaneas lo opacaba. Son muchos los besos que nos dan, pero ése es único y es mio por la eternidad.
