Me he dado cuenta en estos días de silencio y de ocio absoluto que cuanto más tiempo disponemos, más dedicamos para llenar la cabeza de tonteras y de llenar la mochila que nos acompaña en nuestra vida de cosas absurdas y de lo que nos dice la televisión, la radio, los medios, alimentando miedos, creando esas historias y replicándolas en nuestra imaginación, siendo nosotros los protagonistas o nuestros seres amados. Más ratifique éste punto, oyendo una charla de una monje budista que nos hablaba de este tema y del tiempo que dedicamos a predisponernos a hechos de dolor y sufrimiento, tanto nos repetimos que lo malo nos ocurrirá que al fin termina sucediendo y ahí aparece otro punto que me parece que importante, el poder de las palabras, o como también se les conoce, los mantras, es la fuerza de las palabras, del rol de sentencia que cumplen cuando las mencionamos o las pensamos en nuestras cabezas con tanta seguridad que terminas volviéndose un hecho. La combinación de estás cosas si uno las meditas son una realidad espantosa que muchas personas estamos viviendo con ese miedo que se acumula en nuestros días, al mirar noticias y ver que ocurren tantas cosas desafortunadas y cercanas que inspiran miedo a ser los próximos protagonistas de una historia similar y nos angustiamos y nos desesperamos, nos vemos indefenso ante el infortunio que se nos aproxima y sufrimos.
Si hacemos el ejercicio de repetirnos todos los días y a cada rato cosas positivas, nos daremos cuenta que más nos acercamos a esas cosas positivas, a los grandes acontecimientos, a grandes logros. Nos encontramos con un espíritu más sano, es momento de despejar la mente y detener esos pensamientos negros y negativos, para algunos por un asunto relacionado a la fe y a las creencias, para otros simplemente por salud mental. Vivimos enfermándonos días tras día, gratuitamente y el daño es provocado por uno mismo, sin darnos cuenta de que nos destruimos y finalmente terminamos somatizando y desarrollando enfermedades. Es momento que nos miremos un rato y nos demos cuenta a que hay que vivir nuestra vida lejos de tanta miseria para alimentar mucho más buenos momentos y alegrías.