Lo pensé mil veces antes de poder escribir estas palabras, ya que no sabía si era correcto hacerlo o no, pero la necesidad fue más fuerte, y el corazón me regañó por lo que hice, y hasta este segundo está dolido conmigo.
Dentro de mi locura sintomática de necesidades diarias siempre hay personas que hacen tu día como dice mi amiga Sofía, y cuando falta una de ellas es como si te faltara un pie, o una mano para apoyarte.
Ayer fue uno de esos días.
Siempre he pensado que en la vida todas las personas pueden ser reemplazables en la medida que el vacío de una pueda ser llenado por otra, y así sucesivamente. No puedo creer que tan equivocado estaba.
Ayer recibí un golpe de madurez que me hizo reflexionar sobre las cosas, y que yo no soy el sol, que tiene a los planetas girando alrededor de él, sino que soy uno más que tiene que dar vueltas alrededor de él, y por consiguiente, aprender a que no siempre hay tiempo para uno, pero sí lo habrá un día... aunque pasen años.
Desde esta tribuna quiero enviar un grito de súplica a mi amiga Andrea, alias PeLu, ahora ex-columnista de esta columna, para que sea capaz de disculpar a este ser humano que, pidiendo su espacio en la vida, equivocó el rumbo y se colocó en un lugar en el que no se siente cómodo, y que necesita de esa pierna para que yo pueda seguir caminando, ojalá juntos, como siempre debería ser. El vacío que me dejaste solo necesitó de un par de días para recordarme tu valía en mi ser.
Espero que reflexiones también acerca de esto, y si quieres aceptar mis disculpas, intentaré no cometer el error otra vez. De lo contrario, aceptaré mi error, tragandome la pena y el orgullo, aceptando los regaños de mi corazón quizá por cuanto tiempo y reconociendo quizás uno de mis errores más grandes, el dejarte escapar de mi vida.
Te quiero.
Richie.
PD= Gracias a Psique por el espacio otorgado.
