08/10/12

"Aquella Rubia" (Capítulo 3)


CAPÍTULO 3

Susana camina con paso seguro por la calle, se siente y se sabe hermosa. No necesita mirar para saber quien la observa. Su autoestima camina con ella, ya tarde por la calle, camino al departamento. Ella sabe que tendrá que llegar a cocinar, y a limpiar los muebles, y pese a que son las 11.00 de la noche a ella no le importa, porque la imagen de Pablo ronda por su mente, y en él ocupa sus últimos pensamientos antes de subir el ascensor, en pensar en las cosas que le hizo sentir en ese instante tan breve.

Son las 1.00 de la mañana y Susana se apresta a conciliar el sueño, cuando siente a alguien abrir la puerta:

- Hola Susana - Tronó ese vozarrón típico de los italianos.

- Hola, mi amor - Susana le respondió con la voz durmiente.

- Susana, levantate por favor y lústrame los zapatos, mañana tengo una reunión importante y debo estar impecable para ir. - Su aliento olía a vodka y sus zapatos dejaban evidencia que habían pasado por el lodo que está en el jardín aledaño al edificio.

La rubia no puede negarse, pese a que tiene mucho sueño. En el país de Giovanni Lancelotti, Italia, el machismo es indiscutible, al igual que las órdenes que le da el hombre a la mujer.

Suspiró, erguida en el baño y con una cefalea producto de la falta de sueño, limpiaba los zapatos de su novio.

Giovanni es un empresario textil muy reconocido en su rubro, fabrica y distribuye telas a la mayoria de los vendedores de ferias persas de Santiago y sus alrededores. Su fuerte es el barrio Patronato, donde las dueñas de locales siempre lo miran con admiración ya que su físico, las vuelve locas cada vez que pasa y deja en su estela ese aroma a perfume francés que se puede sentir a varios metros después de su paso.

Al día siguiente, Susana sale rumbo a su trabajo: Beatle gris, minifalda negra, botas a la rodilla. Imposible para cualquier transeúnte poder ignorarla. Piensa en Pablo por un lado, y por otro recuerda como conoció a Giovanni.

Continuará...





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