Ese día que la vio por primera vez, no pudo dejar de mirarla, no podía creer lo que veían sus ojos, para él era perfecta, todo lo que le gustaba de una mujer, especialmente esa mirada de dulzura que sobresalía de su belleza.
No supo como paso el tiempo, ni cuantos cigarrillos se fumó, solo estaba preocupado de observarla para llevarse en sus recuerdos cada detalle de ella, pero sin que se diera cuenta, no quería parecer un baboso que se la estaba comiendo con los ojos.
De repente ella se para y camina hacia él. Tragó toda la saliva que pudo, haciéndose el interesante, mirando de reojo, pensando que no caminaba hacia él, pero sí, se puso frente a su mesa:
Disculpa – le dijo con una voz dulce – veo que fumas. ¿Serías tan amable de prestarme fuego?
Claro – respondió Pablo, con voz de ultratumba, que trato de disimular con una tos.
Comenzó a buscar por todos los bolsillos de su ropa y no lo encontraba.
Está sobre tu mesa – le dijo ella, con una sonrisa tranquila.
¡Por Dios, que tonto! – le respondió, con los nervios y la vergüenza que no pudo esconder. Tomó el encendedor y se lo entregó.
No te preocupes – le dijo ella, mientras prendía el cigarro.
Mi nombre es Susana - le dijo y se acercó a saludarle cortésmente.
El mío es Pablo, un gusto – le decía mientras se paraba del asiento para responder su saludo.
Hace rato que estás acá – le dijo Susana, poniendo cara de picarona, con el fin de que él se diera cuenta que ella lo había estado mirando.
Como Pablo, a pesar de ser un hombre con popularidad entre las mujeres, esto siempre pasaba después de conocerlas un poco, ya que no era un galán de cine precisamente, aunque contaba con buen físico y era alto, pero aun así, no llamaba la atención al solo verlo. Sabiendo esto, Pablo al escuchar lo que Susana le había dicho, no pudo evitar ponerse colorado, pues era un hombre tímido, más que avasallador, pero como era su única oportunidad, hizo lo posible por reponerse.
¿Así que me estabas mirando? – Contestó Pablo – pues sí, estaba esperando a un amigo, pero creo que ya no va a llegar – tenía que mentir, tenía que justificar todo el tiempo que estuvo en el café solo observándola.
¿Y tú vienes muy seguido a este café? – le preguntó Pablo.
Sí – le contestó ella – y ¿tú?
Sí, vengo siempre porque me queda cerca de mi trabajo, así que los break los haga acá – le contestó Pablo ya más tranquilo.
Podríamos juntarnos un día acá para charlar un poco más, ¿te parece? Porque ya me tengo que ir – le dijo Susana.
Me encantaría – le respondió Pablo con una sonrisa que no podía sostener en su cara – podría ser mañana en la mañana, si tú puedes claro, tipo 10:30, yo te invito un café.
¡Perfecto!, no vemos mañana entonces – le dijo ella, se dio la media vuelta y moviendo su mano se despidió.
No podré dormir esta noche – pensó, aun sin poder desprender la sonrisa en su cara.
[Continuará]
Próximo Capítulo: Lunes 8 de Octubre.


