¡Cómo pasa el tiempo! pensar
que ya estamos titulados. Han sido años de sacrificio, insomnio, mucho café,
pero todo valió la pena… pero hay heridas que no sé si sanarán.
Éramos un grupo muy unido, había
personalidades para todos los gustos, pero de entre todos, mis compinches eran
dos: Francisco y Sandra, los tres lo pasábamos increíblemente bien juntos.
Sandra era muy simpática, atractiva y muy coqueta, no puedo negar que de vez en
cuando lo pasábamos bien, teníamos una atracción física muy intensa, pero jamás
pasó a más que eso; Francisco era muy alegre, bueno para los chistes y pasarlo
bien, se convirtió en mi mejor amigo, casi mi hermano y yo.. un tanto más
reservado, más estudioso, pero entretenido también.
Solíamos ir a “El Muelle”, un bar
que nos gustaba mucho frecuentar los viernes; había karaoke, no era un lugar para
bailar… pero de todas maneras bailábamos en el metro cuadrado que había de
espacio.
Hace un tiempo, Pancho me
comentaba que le gustaba alguien, pero tenía la ridícula idea en la cabeza de
no decirme quien y peor aún, no atreverse a decirle a la chica involucrada. Lo
único que yo quería era que él pudiera encontrar a alguien, llevaba mucho
tiempo solo, y su relación pasada no había sido del todo buena. Así podríamos
salir los cuatro con Sandra.
No recuerdo bien, pero creo que
como dos meses atrás, empezaron a pasar cosas que me cambiaron la vida. Si
bien, entre Sandra y yo pasaban cosas de vez en cuando, ambos éramos fieles; es
extraño de entender, no teníamos nada serio pero ambos nos manteníamos
solteros, y cada vez que hablábamos del tema quedábamos de acuerdo que si
alguien estaba con otra persona nos debíamos contar. Un fin de semana, me llama
súper afligida; habíamos estado carreteando con Pancho, él me había pasado a
dejar a mi casa hace unos momentos, de hecho ya estaba empezando a quedarme
dormido… ¡Pablo!, me dice llorando, - ¿qué pasa Sandra?- le dije muy preocupado,
me comentó que Pancho la había forzado a darle un beso. Yo al principio no le
creí, - ¡es una broma! - le dije. A medida que me comenzaba a relatar lo
sucedido menos lograba entender la situación, por lo que atribuí todo a los
tragos demás y a la calentura de la noche. Por tratarse de mi mejor amigo no le
di más vueltas al asunto y decidí cortar el teléfono.
Fueron dos meses muy extraños,
Sandra desaparecía de la nada… y seguía con la idea de que Pancho la acosaba.
No me cabía en la cabeza tal idea, si bien él era carretero, bueno para el trago,
no mataba ni una mosca, incluso en sus ojos había un brillo que me hacía pensar
que estaba saliendo con alguien, así que tal idea me parecía descabellada. Varias veces discutimos con Sandra por lo
mismo, y eso nos fue distanciando.
Llegada la hora de la cita, la
veo aparecer… se veía especialmente hermosa, no puedo negar que me palpitaba el
corazón más intensamente que lo normal, me puse muy nervioso. Nos dimos un beso
en la cara, pero muy cerca de los labios. Conversamos y nos reímos, como hace
mucho no lo hacíamos, recordamos etapas de la Universidad, momentos lindos,
tristes, de todo un poco. Hablamos de Francisco, me dijo que me pedía disculpas
porque ella sabía que era mi mejor amigo, pero que yo debía saber la verdad. En
ese momento, y como si se tratara de un mal presagio, un estruendo terrible
retumbó en mis oídos, al parecer hubo un choque, un atropello… no sé bien qué
ocurrió, espero que lo que haya sido, no sea tan grave y la gente se encuentre
bien. Me mostró cartas hechas de él hacia ella, donde le declaraba su amor,
llamadas telefónicas, mensajes. Ella me juró que no quería nada con él y que
jamás había hecho algo para atraerle, que siempre se corría, que siempre lo
evitaba… pero que un día las cosas llegaron más allá. Me dijo que Pancho la
violó y al momento de hacerlo me mostro moretones en su pierna y en su brazo.
No podía creer lo que escuchaba, pero eran tantas pruebas… no imaginaba tampoco
que ella, alguien tan cercana a mí pudiera mentir de esa forma, ¿para qué lo
haría?. Fue un momento muy triste, mi hermano, mi compañero, mi amigo… se había
aprovechado de alguien a quien yo quería¡¡¡
Me siguió comentando que lo que
ella buscaba con nuestro reencuentro era decirme que me amaba, que se quería
casar conmigo y que nos fuéramos muy lejos de ahí, lejos de Francisco, lejos de
los malos recuerdos. Esa noticia me alegró mucho, me di cuenta que siempre la
había amado locamente pero no lo había querido reconocer. Nos abrazamos,
brindamos y nos besamos.
Mientras no estamos besando,
escucho un grito en la puerta del bar, ¡es Francisco!, ¿qué hace aquí?. Se dirige
directamente a nosotros, gritando, casi aullando. No logro entender ninguna
palabra de lo que dice, parece desquiciado. –¡Tranquilo!- le grité, no me hace
caso. Llega hasta nuestro puesto y agarra de un brazo a Sandra, -¡eres sólo
mía!- le grita una y otra vez; en ese preciso instante me doy cuenta de la
verdad, Sandra tenía razón, mi amigo era alguien totalmente desconocido para mí.
En un acto reflejo y motivado por la adrenalina, salto sobre Francisco,
protegiendo a Sandra, trato de sujetarle las manos, sin hacerle daño, pero con
una botella de vino me logra golpear la cabeza, acto seguido, me logro
estabilizar y le doy un golpe seco en la cabeza… él cae desmayado.
Lo primero que hago es llamar a
la ambulancia, sé que los golpes fuertes en la cabeza pueden ser peligrosos, y
después llamo a los papas de Pancho, quedamos en juntarnos en el Hospital más
cercano. Una vez allá y con el tiempo en marcha lenta, internan a Francisco y
lo ponen en observación, sigue desmayado. Aprovecho esos momentos de relatarle
todo lo ocurrido a sus padres, los que con cara de asombro e incredulidad caen
al suelo llorando. Su madre tiene una sospecha… su abuelo sufría una enfermedad
mental.
Se le explica la situación al
doctor y se le solicita realizar los exámenes pertinentes mientras Francisco
sigue en coma. Los exámenes están listos… resultados... esquizofrenia y
bipolaridad.
No nos queda más que apoyar a
nuestro ser querido una vez que despierte de este mal sueño…
