02/04/12

A mi padre, un ángel terreno


El alma me llora cada año, cuando llega este día, aún necesito tanto de ti, que mi razón se niega aceptar que ya no estás, que has partido hace 14 años a la eternidad.  Mi alma de niña aún necesita los mimos de su padre, aún necesito tu protección, tu calor, tus manos en el volante de tus amados autos, tus bailes sin ritmo, tus cantos, tus silbidos, tu espíritu siempre joven.  Necesito de tus anhelos justicieros, de tu esencia de servicio, de ver con orgullo tu ayuda al que lo necesitara, el verte en las dirigencias con tus principios y creencias.
Un alma tan noble arrebato la muerte de los brazos de tu familia, y de quienes ayudabas con ese inmenso corazón servicial.  Al mundo se le robo un ángel terrenal, que se equivoco muchas veces, pero que redimió cada uno de esos errores con tu alas protectoras, con tus manos de líder humilde y completo, entregaste tanto a tantos, que las puertas del cielo se abrieron para recibir a este héroe anónimo y pequeño, que nunca busco fama y que levantó a otros en caminos de gloria.  Diste tanto por otros, que siento que fue injusto que te fueras tan pronto.
Se me desgarra el aliento, se cierra la garganta, duele y llora mi ser de no tenerte con nosotros, aún tu calor me hace falta, aún tus retos, tus cariños, tu presencia me hace falta.  No, no puedo creer que no estés, serías un buen abuelo, y trato de imaginarte con tus nietos subiendo cerros y caminando en los campos, comiendo debajo de los arboles, paseando por la vida con música y con calma.
Lloro como si fuera ayer tu partida, lloro como si fuere este momento aquel en que me dicen que ya no estarás y recuerdo mi negación porfiada de que no podía ser posible. Me colapsan los pensamientos y las sensaciones, aún me siento desbastada con tu ausencia. No puedo explicarle a mi corazón que ya no estás, aunque la razón lo sabe, pero también se niega.
Hay tanto de ti en mi, que eso me hace sentir que estoy contigo, trato de consolarme pensando que parte de ti vive en mi, en mi hijo y en todos los que te seguimos, y haciendo honor a tu alma extraordinaria, voy a seguir este legado hasta el último de los alientos, creyendo, sintiendo y amando lo que aprendí de ti. 






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