Esos
momentos en que ya nos das más, en que quieres mandar todo a la punta del
cerro, que estás colapsando y necesitas más que nunca el apoyo de todos, esos
todos te hacen más difícil la tarea.
Cuando todo te pesa, cuando ya no quieres caminar y sientes el cuello
endurecido por el estrés, y ya no te quedan caminos por andar. Respiro pensando en el mañana en que todos
esos sacrificios serán recompensados y
darán sus frutos. Ruego a Dios la
recompensa de tanto esfuerzo, y de los seres de luz que lleguen a mi auxilio.
Luz, luz,
luz, ilumina nuestros caminos, ese empeño afanoso de todos por lo material y el
olvido de las almas y de nuestros cuerpos, por poner por encima de todo el
tener cosas y de dejar los corazones olvidados por status. Y ese estúpido anhelo de ser como todos y de
entrar en una dinámica de autodestrucción.
Espero
volver a mirarme al espejo y no haber dejado pasar los años, el amor y el hijo,
por vanidad absurda y grotesca de dejar de ser la del montón y querer cambiar
el rumbo. Espero que los costos de estas
decisiones no sean demasiado altas y los frutos a cosechar valgan lo sufrido.
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