Quien diría que tu, tan lejana y sublime, tan liviana y serena estaría haciendo el amor con alguien como yo, que nos vemos desde los extremos de las clases sociales.
Hemos renunciado a nuestras realidades para que construyamos nuestra propia.
Quizá renunciaste a tu vida de lujo y alhajas, quizá tu familia te dio la espalda, quizá ahora seas un bicho raro o la oveja negra de la familia, pero en tu cara no se nota y en la mía sólo la felicidad de tenerte a mi lado.
Por el momento sólo me preocupa que cuando amanezca debo pagar el alquiler de la pieza.