LÁGRIMAS EN SILENCIO
No te imaginas, allá tan lejos lo que segundos de tu vida
dejó en la mía. Solo palabras, solo unos bailes…y nada mas. ¿Suficiente? – ¡Sí!
fue suficiente, para dejar mi corazón herido, como si hubiera participado en la
peor pelea.
Miré a mi alrededor y me encontré con tu rostro – guapo,
pero muy joven – pensé y perdí minutos valiosísimos al ignorarte, pero cuando
supe tu verdadera edad ya había pasado mucho tiempo, pero el destino permitió
que compartiéramos los últimos momentos de esa fiesta donde nos encontramos.
Esos minutos contigo, fueron… fueron…, no sé como
explicarlo, lógicamente no existe nada que justifique mi sentir, pero si trato
de explicarlo a través de mi corazón, será sencillo…me enamoré.
Te marchaste, cruzaste el pacifico, sin un pronto regreso y sin saber nada, sin imaginarte lo que dejaste
tras tuyo, porque no fui capaz de decirte nada, me sentí como leona enjaulada
tratando de disimular todo sentimiento y remplazando éste por silencio e indiferencia
hacia ti, solo con una postura de simpatía y nada más…no puede nada más.
No falta el día que te veo y te miro gracias a la tecnología
del Facebook y revivo los pocos momentos que estuvimos juntos, aquellos minutos
que estaba anidando en mí un profundo sentimiento hacia ti.
No se si dar las gracias a Dios por regalarme unos instantes
a tu lado, que permitieron remecer mi corazón y escuchar en mi interior un
grito “¡sigo Viva!” o renegar contra él por permitirme este sentimiento tan
profundo para luego quitármelo dejándome en el suelo herida, ahogada en mis
propias lágrimas y con mis manos vacías.
