Estoy un poco atrasada, quede de juntarme con la Vale a las 11 en su casa y ya faltan 15 min para las 11, llevo media hora buscando las llaves de la camioneta y no las puedo encontrar, no sé donde las dejé cuando llegué del trabajo. ¡Por Dios, dónde están esas llaves!Después de una larga búsqueda las llaves estaban debajo de mi cama, ¿Cómo llegaron allí?, ni idea. Por fin ya voy en camino.
Olvidado el episodio de las llaves, estamos listas para salir. Que bien le quedan las botas altas a la Vale, se ve más esbelta, menos mal que se las puso, porque quería ir con unos botines que son como para ir al trabajo, en cambio las botas son mas audaces, llaman la atención. Seguro que dejaremos a más de un hombre taciturno, ja, ja, ja.
La Vale sacó la cámara y nos tomamos algunas fotos. Que locas, parecemos adolecentes.
Salimos de la casa, vamos al cumpleaños de Diego un amigo que quiero que deje de serlo, ja, ja, ja. Me tocó manejar a mí, la verdad quería manejar esta vez, tengo ganas de portarme mal y raptarme a Diego, aunque mi locura me signifique no tomar nada, no importa, pero quiero que hoy se concrete algo con él. Así que este cumpleaños me viene de maravilla para mi plan.
Llegamos a la casa de Diego, mientras le presentaba a la Vale me llegó un rico olor a asado, ¡Qué buen olor! ¡Me dio hambre! Y la música estaba buenísima, creo que con la Vale la vamos a pasar muy bien, yo la conozco y sé que está encantada con el entorno que está realmente “interesante”.
Diego me hace un gesto para que vaya donde está él, así que nos separamos un rato con la Vale. Diego no deja de coquetearme y yo no me quedo atrás, llegaron unos amigos de él y yo aprovecho de ir al bar a servirme un jugo natural de frambuesa, luego muy ansiosa me acerco a la Vale y le pregunto cómo le pareció Diego, mientras le servía un wiskola, estuvimos conversando un rato de la fiesta y de los galanes que habían en ella, cuando de pronto veo que Vale guiña un ojo y me di vuelta para ver a quien y era Franco uno de los amigos de Diego, que está para comérselo junto con el asado, todo en un mismo plato. Creo, amiga que vamos por buenos pasos, le digo y aplico retirada, porque esa noche no seré violinista, además que Diego me espera y yo tengo una misión por delante, raptármelo.
Es una noche maravillosa, Diego no se separa de mí, hemos bailado de todo, él me toma de la mano y me lleva al jardín, creo que es el momento para mi plan. Le digo, que me acompañe a la camioneta porque se me quedó la chaqueta, íbamos saliendo por la puerta, cuando siento la voz de la Vale llamándome, me di vuelta y vi que Franco estaba haciendo un gran esfuerzo por sostenerla. Me asusté, así que me devolví para ver lo que le pasaba, mientras caminaba entre la gente que bailaba, la divisaba. Cuando logré llegar donde estaba Franco con la Vale, me di cuenta que mi amiguita del alma, estaba borracha como un zapato y que había vomitado sobre Franco.
Le pedí a los chiquillos que me ayudaran con ella para llevarla al baño, así que Diego y Franco la tomaron y la dejaron sentada en la tasa del baño. Cuando estuve sola con ella, traté de limpiarla, pero ella quería seguir vomitando. Después de convencerla que teníamos que irnos, salimos del baño, me di valor, porque la vergüenza me consumía, ya que Diego era mi reciente conquista y a Franco lo conocí en la fiesta y no quería que pensaran que la Vale era un pastel, ya que ella jamás había estado en una situación así.
En cuanto salimos del baño, los chiquillos estaban esperando afuera, preocupados por la Valentina, eso me tranquilizó, así que ellos me ayudaron a llevarla al auto, porque sola jamás me la hubiera podido, pesaba toneladas y no lograba dar dos pasos sin ir de un lado para otro.
Estaba pensando, ya sentada dentro del auto, que toda oportunidad con Diego se había esfumado. Mientras miraba a la Vale que dormía en el asiento del copiloto, le decía, “amiga si no te quisiera tanto, te juro que en el camino te lanzo fuera de la camioneta”, “estuve a punto de lograr mi objetivo, si no fuera porque te pusiste a tomar como carretonera”. Estaba en eso, cuando veo que Diego se acerca y me queda mirando a los ojos, “es una lastima que tengas que irte, me gustaría que nos viéramos mañana”, me dijo.
Llegue a la casa de la Vale con una sonrisa de oreja a oreja, estaba tan feliz que no sentí el peso de la Valentina cuando la cargue. Llegué con ella a la habitación, le saque la ropa y la tiré en su cama, y luego me acosté yo, feliz como una codorniz.
