Son las 7.50 de la mañana y estoy llegando al puesto de trabajo, han llegado dos compañeras más. Tomo mi espejo retoco mi maquillaje y abro la ventanilla. Aprieto el botón para que avance el número, llega una señora con su bebé en brazos muy abrigados con su cara roja de frío; la observo y con mi mejor sonrisa: Buenos Días!, ella viene con su bebita, viene muy enferma, la ingreso al sistema y le pido que se siente para esperar su atención, próximo número es un abuelito, camina apenas, llega y me dice que se siente muy mal que no puede casi respirar, está muy obstruido, él toma asiento para esperar su atención.
Desde mi ventanilla veo que de un taxi se bajan dos mujeres, parecieran ser madre e hija, el chofer ayuda a bajar a señora mientras que la más joven corre hacia mí, me explica que su madre tiene un cáncer al páncreas, que está muy mal con mucho dolor, lo último casi no lo escucho porque la sirena de la ambulancia es ensordecedora, llegó otra urgencia (como si los otros pacientes no lo fueran) pero al parecer es de vida o muerte, es un baleado en un asalto, está perdiendo mucha sangre, los médicos corren a darle atención mientras a todas las personas que están esperando sentados su atención, se les suman más minutos. La joven que solicita que la atiendan pronto a su madre, hago el ingreso, mientras veo que un joven le da el asiento a la señora, y que su hija llorando me suplica una pronta atención, no atino a nada más que a ofrecerle un vaso de agua para que se calme, procedo a informar a los encargados del turno que se encuentra una señora con cáncer, con ictericia y mucho dolor.Durante la mañana han llegado muchos pacientes, el servicio está colapsado, ya no hay asientos, miro para dentro y hay camillas hasta en el pasillo. Veo como corren los médicos, enfermeras y paramédicos para poder dar una atención rápida y así poder recibir a todas las personas que están esperando.
Voy en busca de mi café, hace mucho frío, diviso a la señora que llego temprano con su bebé, todavía está en su asiento, han pasado más de tres horas, el bebé llora y ella me mira con cara de que le ayude para su atención. No puedo hacer nada, me acerco para contarle que dentro de la unidad está colapsado, como si a ella le interesara mi explicación.
Vivir esto a diario es complejo todos los días veo como los enfermos, algunos ya casi agónicos, ruegan por una atención y a mi espaldas esta el servicio colapsado, y no es porque no se quiera atender, si no porque no hay capacidad para dar respuesta a esta demanda, no puedo hacer nada más que resignarme, los primeros días provocó mucha pena y angustia, con el tiempo se empieza a convivir con el dolor ajeno y sólo me queda rogar que ojalá esto no me toque a mí ni a uno de los míos.