La noche
tiene un encanto que la luz del día apaga, la seducción se desenvuelve en otra
frecuencia, los deseos son más intensos y las atracciones se desatan cuando
sólo nos alumbra la luz de la luna. Ése baño plateado que nos inunda y nos
incita, nos invita a movernos en ese aura de sensualidad en los brazos del ser
amado. Nuestras sensaciones están más a
flor de piel y los actos de amar se desencadenan con más libertad.
La luna nos seduce, nos declara y nos relata los impulsos que flotan en las nubes, en las estrellas y los rincones. Nos pone más sensible ante su presencia, porque es al anochecer que nos sentimos más abiertos a amarnos, a disfrutarnos, a desearnos y a tocarnos. El sol nos muestra, pero la luna nos invita a los sueños, a lo intangible, a lo irreal, a lo delicioso y a lo irresistible.
La luna y sus noches es otra canción, es otro sonido, es un momento y tiempo distinto, más seductor y más incitante, más de piel, más de estar juntos, pero por sobretodo de amar, el tiempo de la luna y su magia, es sin duda, el tiempo de amar.
La luna nos seduce, nos declara y nos relata los impulsos que flotan en las nubes, en las estrellas y los rincones. Nos pone más sensible ante su presencia, porque es al anochecer que nos sentimos más abiertos a amarnos, a disfrutarnos, a desearnos y a tocarnos. El sol nos muestra, pero la luna nos invita a los sueños, a lo intangible, a lo irreal, a lo delicioso y a lo irresistible.
La luna y sus noches es otra canción, es otro sonido, es un momento y tiempo distinto, más seductor y más incitante, más de piel, más de estar juntos, pero por sobretodo de amar, el tiempo de la luna y su magia, es sin duda, el tiempo de amar.
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