Sólo cerré los ojos y me entregué. Viajé por grandes montañas y prados. Caminé por la orilla de una playa con aguas cristalinas. Me senté frente a la puesta de sol y miré por largo rato la aurora boreal. Leí mi libro favorito y posteriormente corrí por el campo dando grandes zancadas. Carcajeaba cuando me contaron un buen chiste, y lloré con la música que me gusta. Me recosté en la cama y dormí una siesta. Escribí los versos que solía escribir cuando era adolescente, y volví a mi niñez a despreocuparme de responsabilidades. Volé por todo el mundo en cuestión de segundos...
...luego volví. Habías despegado tus labios de los míos.
Tuve que pasar por sobre el dominio de los dioses y señores que rigen este mundo para obtener ese beso. Y vaya que valió la pena.
