05/07/11

"El Drama de Natalia" - Capítulo 3

Capítulo 3

"No temas, no te haré daño", la voz era de alguien que estaba detrás de ella. Cuando se voltea, se da cuenta que aquella voz provenía de un joven no menor que ella, pero que le pareció muy atractivo. Quedó estupefacta contemplándolo, cuando la voz del mozuelo interrumpe sus cavilaciones.

- Disculpa que no me haya presentado, mi nombre es Fagano, vengo del Reino Celestial. Te preguntaras qué haces aquí y como llegaste. Pues bien, sucede que en el Hades te quieren tomar cautiva porque tienes bastantes cualidades mágicas, y eso es lo que necesitan para robustecer la cúpula del mal luego de que quedara mermada al concluir la batalla. Me enviaron para protegerte de las fuerzas malignas, Natalia.

- ¿Pero por qué yo?, si mi amiga Elisabella tiene más magia...

- De acuerdo, pero ella es hija del Rey Luminoso, lo que desencadenaría una batalla que los súbditos de Lucifer no están dispuestos a tomar, porque aún son débiles.

- ¿Y qué vamos a hacer? ¿Dónde estamos? ¿Cómo creerte?

- Por lo pronto, ocultarnos aquí, ya que a mi también me buscan. Mi maestro Carcano me dijo que como liberó a Roberto de la maldad ahora quieren al ángel guerrero más joven y hábil para entregarlo al mal. Y ese debo ser yo.

Elisabella y el Rey Luminoso llegan a la tierra e inmediatamente comienzan la búsqueda. Repentinamente aparece Carcano ante ellos.

- Carcano, viejo amigo! Tanto tiempo!

- Rey Luminoso, es un gusto, pero tengo que comunicarte algo: el reino del mal busca gente para organizar un nuevo ejército y están tomando a nuestra gente y probablemente a más de algun hado o hada también. De hecho supe que estaban buscando a alguien de nombre Natalia...

- ¡Es mi amiga! - exclama Elisabella - La estamos buscando, por favor si sabe algo, ¡díganos!

- Debe haber huido con alguno de mis alumnos... Y ya me imagino con quien. Pero no es el caso porque el planeta es muy grande como para buscarlos juntos. Será mejor que nos separemos.

En otro lugar del planeta, Natalia relata a Fagano como se había preparado para la Gran Ceremonia. En ese instante un rayo enceguecedor se hace presente en la habitación en que estaban, alcanzándolos a ambos y dejándolos tendidos en el suelo, inconscientes.
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