11/05/11

Una Mirada al Interior

Me siento frente a la ventana sin darme cuenta de su presencia como todos los días, pero hoy sí la vi y miré a través de ella. Lo que observé es un paisaje de edificios antiguos, carente de verdor, sólo se ve cemento y ventanas. Pero no me quiero detener en esto, lo que quiero es describir la luminosidad que entra por ella, es quieta, agradable, ilumina todo mi espacio e invita a cerrar los ojos y dejarse llevar por su quietud, donde no se siente frío ni calor… es perfecta.

Cerré mis ojos y sin poner resistencia abandoné mi presente y retrocedí en mi vida, en busca de las sensaciones que se apoderaron de mí, producto de las veces que descubrí el amor…uuuyyy, que pasión ponía cada vez que se concretaba… juraba que sería el único y que no habrían más… hoy me encuentro repitiendo, a mis hijas, lo mismo que escuché de los labios de mi mamá: “no te preocupes, vendrán otros” ¡¡¡y que razón tenía!!!

Recordar cada uno de esos amores de niñez, ha hecho circular una sonrisa en mi cara y aquellos amores, no tan de niños, han dibujado picardía en mis ojos…¡¡¡que momentos!!!

…pero hoy miro en mi interior y por más que busco no encuentro nada, es como haber olvidado lo que es el amor. No encuentro mariposas en mi estómago, no veo la motivación para hacer una locura, incluso mi camino va en sentido contrario al romanticismo: me he vuelto una persona de hierro. La sensibilidad llega a mí por un sólo motivo: mis hijas. Por ellas lloro, por ellas me emociono. Nada más hace que aflore dentro de mí, la suavidad tan característica del ser romántico…¿Habré muerto?
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