"Ahora empiezo a meditar lo que he pasado, y a verle el fondo y el alma, y por eso ahora amo más la soledad, pero aún poco."
Miguel de Unamuno (1865-1937), escritor español.
El hombre es un ser sociable, al igual que la mayoría de los seres vivos que poblan este planeta. Pero hay momentos en la vida de todo hombre que debe verse enfrentado a una situación que unos aman y otros odian: la soledad.
Ahora, la pregunta que muchos nos hacemos, ¿la soledad es nuestra amiga o enemiga?
Podríamos decir que en mis 30 años de vida, la he vivido de ambas formas.
La soledad que podríamos considerar positiva es aquella que en la mayoría de los casos es por opción, no obligada y aceptada de manera consciente por uno y por el resto y no suele durar grandes períodos de tiempo, ya que básicamente ayuda a aclarar la mente y muchas veces soluciona nuestros problemas. Es una soledad reparadora, la misma que a los artistas les entrega inspiración para sus creaciones, de tal manera que podremos disfrutar de un arte de calidad.
La soledad negativa es aquella que es obligada por agentes externos que nos ponen en esta situación. Como es una situación obligada y muchas veces repentina, nos cuesta asimilar que nos encontramos en soledad. Esto suele traer una de las peores emociones enemigas del alma humana: la amargura.
Debemos considerar que este tipo de soledad también guarda en si algo quizás más positivo que la anterior. Una vez que se logra sobrellevar esta situación, saca lo mejor de nosotros: la garra, el tesón y el empuje.
Ambas soledades las he vivido, y me atribuyo por esto cierta autoridad para escribir sobre ella, sobre todo porque me apresto a volver a mi amiga soledad, esa que despeja la mente.
Musicalmente hay innumerables canciones que tratan esta temática y la primera que se me viene a la mente es esta que pueden escuchar a continuación, que habla de la soledad en la adolescencia. Hasta la próxima columna.